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Lo intenta.

Ella paseaba siempre en globo y coleccionaba nubes.
Él, sin embargo, disparaba a los extraños y regentaba un burdel abandonado.
Los dos habían dado la vuelta al mundo pero, en direcciones opuestas. Ycuando sus espaldas se encontraron supieron que el viaje había terminado.
Hablaban un extraño y antiguo idioma que nadie había oido jamás. Es posible que ni si quiera ellos, pero cuando se miraban a los ojos las palabras convertidas en pequeños y malignos duendes les susurraban al oido su propio significado.
Y entonces reían y reían y reían, nadie era capaz de pararlos. Ni los trenes de mercancías, ni los semáforos en verdes, ni los gritos de auxilio, ni las mujeres embarazadas, ni los abogados en paro, ni si quiera los esposos celosos. Reían y reían y reían.
Ella hablo de tristeza. Él lo entendió todo. Ella bajo la mirada. Él borro sus huellas.
Se escondieron, pasaron hambre, temblaron de miedo al oir la tormenta acercarse más rapido de lo previsto. Y supieron que el fin del mundo llegaría mañana.
Entonces, él le cogió una mano, la miró a los ojos, y le dijo:
Gracias. Adiós.

Coque Malla

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